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Relatos de Vuelo: Primer Vuelo Solo – Vincent Torres – Morristown Muni – New Jersey

Relatos de Vuelo: Hielo en el Carburador
Aviacol.net Invitado especial en el Aeroclub Vértigo R/C de Bogotá
-El sueño de todo aspirante a piloto es sin lugar a dudas el primer solo. Por días, o meses, esperamos con ansiedad ese deseado evento. Para mí en particular fue la realización de muchos años de espera ya que desde muy pequeño anhelaba seguir los pasos de aquel gigante de la aviación, con el cual volaba cuando la oportunidad se presentaba: mí querido Padre, el Capitán José Vicente Torres. Nunca olvidaré, cuando siendo muy niño, tuve mi primer encuentro con un avión, el impresionante C-82 Packet; sentado en la cabina de control, quedé deslumbrado por todos los instrumentos, switches, botones, palancas y por el tamaño de la nave. Allí mismo encontré lo que quería practicar por el resto de mi vida.-

 
Morristown, NJ.  Diciembre 12 de 1.978. No lo puedo negar, estoy indudablemente nervioso. Después de cinco aterrizajes de práctica, mi instructor de vuelo, Ángelo Talarico, anuncia que hoy realizaré mi primer solo. A continuación procedo a seguir sus instrucciones de llevarlo hasta la torre de control donde permanecerá hasta el final del ejercicio. Una vez allí, y mientras desembarca, se voltea y con su manera peculiar de hablar me dice: “Nunca olvides este día, porque este día ocurre únicamente una vez en la vida.”  “Estaré escuchando tus comunicaciones en la torre. Tres aterrizajes con paradas completas. Chao.”

Con la mejor voz de piloto de aerolínea que pudiera generar bajo las circunstancias, le pregunté si estaba completa e irrefutablemente seguro de lo que estaba haciendo. ¿Qué tal si de pronto cambiaba el tiempo? Esas nubes en la distancia lucían muy sospechosas. ¿Los fulanos en la torre de control estaban como de mal genio, ¿no? Creo que hasta cuestioné su sanidad mental.  – Ignorándome por completo, procedió a explicar sobre las características de vuelo que debía esperar del avión al eliminar el peso generado por su cuerpo, etc., etc.

El día estaba claro, soleado y la temperatura ambiente en 52° F. Una suave brisa soplaba del noroeste y hacía sentir la temperatura en los 45° F. El pronóstico del tiempo mencionaba una baja de presión barométrica y la proximidad de un frente frío asociado con fuertes vientos.  Se esperaba su llegada para las horas de la tarde.

Control tierra me autorizó a la pista 5 vía calle de rodaje Bravo, derecha en Alpha y despegue en la intersección con Echo. Me hubiese gustado que me dieran todos los 6.000 pies de pista pero la Cessna 150 a duras penas necesita una fracción de todo ese terreno para despegar, así que no tuve más remedio que conformarme con los 5.000 pies restantes. Una vez en la rampa, y después de ejecutar los chequeos de rigor al motor, instrumentos y controles de vuelo, engruesando la voz, informé a la torre que estaba listo en la pista cinco, que este era mi primer solo y que, de ser posible, me gustaría tráfico por la izquierda. Sentí un dejo de burla en la voz del controlador cuando me replicó “Por favor contacte la torre en 118.1” ¡Se me había olvidado cambiar la frecuencia en el radio y estaba aún con control tierra!  Visiblemente avergonzado, cambié la frecuencia y, con voz más humilde esta vez, repetí mi letanía al controlador de torre. –Ya la embarré, empezamos de maravillas, pensé para mi mismo.-

La torre pasó a autorizar mi salida con virajes a la izquierda y me informó la dirección y velocidad del viento: 360° y cinco nudos respectivamente. La presión barométrica era de 29.92. 

 
 
 
Diagrama del Aeropuerto Morristown Muni, en New Jersey. – © AirNav.com
 
 
El avión se sentía ligero y vacío; los controles mucho más suaves que de costumbre y la cabina extrañamente silenciosa pues no tenía a nadie diciéndome lo que tenía qué hacer. Manteniendo la dirección magnética de la pista, ascendí hasta la altura establecida para tráfico de 1.200 pies. Una vez nivelado inicié el giro de viento cruzado a la izquierda y reduje la potencia a 2.000 RPM. Unos segundos después, apliqué calentador al carburador, diez grados de flaps e inicié el giro con el viento. “Baja la trompa en los giros” oí la voz de Ángelo y naturalmente respondí mientras miraba el asiento vacío a mi derecha. –Él no estaba pero su voz y admoniciones quedarían conmigo por el resto de mi vida.–
 
Hora de iniciar el giro de base y luego la aproximación final; reducción de potencia a 1.000 RPM, más flaps, asegurarse una vez más de que la mezcla está a full, vistazo rápido por tráfico. Cruzo la cerca que separa la pista del camino de mantenimiento, reduzco toda la potencia y simultáneamente comienzo a levantar la nariz; el avión flota interminablemente y, de pronto, aterrizamos suavemente. La reunión de caucho con cemento no podía haber sido más óptima. -Caramba, si por lo menos lo hubiésemos filmado-.  La euforia que sentí era indescriptible. No importaba que apenas estuviera comenzando el arduo trabajo de los siguientes dos años. No importaban las levantadas temprano, el viaje de dos horas a Teterboro, el rigor y temperamento penetrante de Ángelo; todo quedaba olvidado en este día. ¡Este era mi día! 

El segundo y tercer aterrizajes fueron sin consecuencia.  Durante el carreteo de regreso a recoger a Ángelo, la torre me dio las felicitaciones de rigor. El pecho se me ensanchó de orgullo.

Ángelo ofreció volar de regreso a Teterboro (nuestra base) y se lo agradecí profundamente; yo estaba consumido en mis pensamientos, recordando cada detalle de lo que había sucedido. No se habló una sola palabra durante el vuelo de regreso. Ángelo entendía perfectamente, yo estaba en mi santuario.

Hace treinta años, en una fresca mañana de diciembre, volé solo por primera vez en un pequeño pueblo en Nueva Jersey llamado Morristown. Ángelo Talarico tenía toda la razón: ese día jamás se olvida.

 
 
 
Vincent Torres en la Cessna 177RG, donde luego del primer vuelo solo en Cessna 150, obtuvo su licencia de piloto comercial.
 
 
Artículo Original de Vincent Torres
Editado por Pablo Andrés Ortega Ch. –  Aviacol.net
 

 

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