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Los ladrillos del aeropuerto Alfredo Vásquez cobo de Leticia

Los DC-3 del Museo Aéreo Fénix
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En la década de los 50, ingenieros colombianos idearon una técnica para adelantar la construcción del aeropuerto de la ciudad de Leticia en medio de condiciones de gran dificultad por lo alejado del lugar y la poca existencia de materiales de construcción. Así, el ladrillo se convirtió en la base la pista del aeródromo. Más de medio siglo después, los vestigios de esta primera pista, siguen bajo capas y capas de modernidad. Jaime Escobar Corradine nos trae esta interesante historia de los ladrillos de Leticia:

El General Gustavo Rojas Pinilla, mediante Decreto Número 3269 del 10 de noviembre 1.954, creó un establecimiento público para la prestación del servicio de aeródromos nacionales y demás servicios a la navegación y transporte aéreo comercial. Este establecimiento se denominó Empresa Colombiana de Aeródromos – ECA (Lea aquí: HISTORIA DE ECA).

El estado colombiano, con gran acierto, asumió así, en calidad de empresario, el control efectivo de los aeródromos destinados al uso de aeronaves de transporte público y de los demás servicios de navegación aérea y radioayudas. Desde entonces, todas las actividades aeroportuarias quedaron centralizadas en el organismo. La constitución de la ECA era la de un instituto descentralizado, dotado de personería jurídica, autónomo, regido por estatutos y bajo la fiscalización de la Contraloría General de la República.

El Coronel Jorge Téllez Vera de la Fuerza Aérea Colombiana fue llamado por el General Rojas Pinilla para que manejara la recién formada ECA. El Coronel Téllez era un oficial de extraordinaria calidad humana, de inmensa capacidad de trabajo, de grandes ejecutorias y de decisiones rápidas y acertadas.

El objetivo principal de la naciente empresa era ubicar los terrenos, comprar y construir un aeropuerto a nivel internacional para la ciudad de Bogotá, para reemplazar el viejo y vetusto aeropuerto de Techo. Igualmente, se le asignó la difícil tarea de dotar a las regiones más apartadas del país de aeródromos para lograr, con ello, una vinculación por vía aérea con la capital del país.

Al Departamento de Aeropuertos de la ECA, con la colaboración de los departamentos Administrativo y Jurídico, le fue encomendada, por el mismo General Rojas, la tarea de diseñar y construir la infraestructura aeroportuaria nacional, entre los cuales se destacaron: planeamiento, diseño y construcción de los aeropuertos de San Andrés, Leticia, Barrancabermeja, Bogotá, Araracuara, Quibdó, Tunja y Paipa, los cuales se convirtieron en obras de ingeniería de gran importancia del gobierno militar de aquél entonces.

El Ministerio de Guerra, por intermedio del Departamento de Aeronáutica Civil, por el año de 1.950, había iniciado los operativos para un intento de construir el aeropuerto en la localidad fronteriza de Leticia, en la Comisaria del Amazonas.

El viaje río arriba por el Amazonas, entrando por la desembocadura del río en el Brasil, es aún hoy en día excesivamente largo; puede durar 30 días. Fue entonces cuando la Fuerza Aérea Colombiana adquirió en Panamá una planta de asfalto por un buen precio por tratarse de material sobrante de guerra de la Fuerza Aérea de los Estados Unidos. La planta fue embarcada con destino Leticia en el buque “Cabimas” de la Armada Nacional, contando además con 200 mil galones de asfalto líquido del tipo RC2.

La Armada ordenó que el asfalto fuera traspasado al buque ARC “Cúcuta” de 10.000 toneladas de desplazamiento que se encontraba en el puerto de Leticia y vino a cargar a Barranquilla la planta de asfalto y el material. El “Cúcuta” emprendió su largo viaje a Leticia, pero antes de llegar a la desembocadura del río Amazonas tuvo que afrontar una tormenta que le trajo serias averías.

Como consecuencia, se tuvo que deshacer de la planta de asfalto, la cual terminó en el fondo del mar, muy lejos de su destino final. El asfalto sí llegó a su destino y fue luego trasladado a un depósito hecho en tierra en las proximidades del terreno que sería el aeropuerto. Finalmente el asfalto se deterioró y no pudo ser utilizado. Las obras no pudieron continuar.

La posibilidad de unir por vía aérea al puerto de Leticia era una obsesión del General Rojas, al evocar la situación de desamparo que sufrió esa población en 1.932 cuando fue invadida por los peruanos. También era prioritaria para él la presencia del Estado para ejercer soberanía nacional en el sur del país.

Ya para el año de 1.955 la ECA asumió nuevamente la construcción del aeropuerto a orillas del río Amazonas en Leticia, para lo cual adelantó los estudios topográficos, el diseño de la pista y edificio, e inició la construcción con la desecación del pantano existente en el sitio, derribando la selva utilizando herramientas importadas y a machete limpio. Como no existía muelle, se utilizaron balsas de madera para descargar sobre ellas la maquinaria con grúas del mismo buque que las transportaba, para luego trasladarlas a tierra.

Como no existían materiales pétreos en la zona para la construcción de la pista, se exploraron varios riachuelos afluentes del Amazonas buscando la piedra, pero el material necesario solo se encontró en La Pedrera, una comunidad a más de 1.000 kilómetros de Leticia. Esta situación acarrearía un gran costo para extraer y transportar los materiales desde ese sitio hasta el lugar del aeropuerto.

Fue así como el equipo de ingenieros de la ECA pensó en la posibilidad de buscar un método constructivo alternativo. Así surgió la idea de construir un gran horno y fabricar sus propios ladrillos requemados a orillas del río. Esta gran idea se materializó y de inmediato se comenzaron a fabricar rudimentariamente tres millones de unidades para “pavimentar” la plataforma y cimentar la pista del aeropuerto.

Para vencer la dificultad de secar los ladrillos adecuadamente, se construyeron enramadas con techo de zinc y con basculantes para abrirlos cuando había sol y cerrarlos en el momento que empezaba la lluvia. Cabe anotar que el régimen de lluvia en ese sitio es de 6 a 7 centímetros por año, siendo una de las regiones más húmedas del territorio colombiano.

La resistencia de la pista, hecha totalmente con ladrillos fue tal que se dio la posibilidad de operación en aviones DC-4, los más grandes que operaban en el país por ese entonces.

La piedra para la construcción del edificio terminal fue llevada desde Cartagena en un buque de la Armada Nacional aprovechando las maniobras anuales para la navegación por el río Amazonas. Se consiguió una arena muy fina en una isla del Amazonas situada aguas arriba de Leticia, que sirvió para la mezcla con cemento para darle firmeza. Al frente de todas estas obras del aeropuerto de Leticia estuvo el ingeniero de la ECA Mario Velasco Llanos.

Fue muy grande la felicidad y orgullo del Coronel Téllez Vera cuando aterrizó en Leticia a bordo de un avión de la FAC, y mayor lo fue cuando las autoridades aeronáuticas peruanas pidieron autorización para utilizar el aeropuerto. No se debe olvidar que el territorio amazónico colombiano había sido disputado por el Perú.

El terminal fue dado al servicio como aeropuerto internacional a finales de 1.955, pero para fomentar el tráfico aéreo en la zona de la Comisaría del Amazonas se le dieron mayores facilidades a las compañías aéreas nacionales e internacionales para que prestaran sus servicios a esas apartadas regiones.

La ECA, mediante Resolución Reglamentaria No. 12 de 1.955, exoneró el pago a las compañías aéreas por los servicios de aterrizaje y radioyudas en dicho aeródromo, como incentivo a la operación. Por su ubicación geográfica, Leticia se convertía en parada obligatoria en las rutas al Perú, Bolivia, y Brasil. Leticia no solo empezó a recibir aeronaves DC-4, sino que fue incluida en el Cuadro de Rutas dentro del marco del Convenio Bilateral firmado entre Colombia y Estados Unidos en 1.956. Empresas nacionales como el Lloyd Aéreo Colombiano y extranjeras como ASA Airways International, junto con la Fuerza Aérea Colombiana, se beneficiaron con este nuevo aeropuerto fronterizo, prestando un servicio muy importante a la comunidad y al gobierno que, finalmente, podía mantener una presencia representativa en esas apartadas regiones de la geografía colombiana.

Lo curioso de esta historia es que el ingenio y tenacidad de los ingenieros de la ECA de ese entonces, que pensaron en construir los ladrillos para pavimentar la pista, pudo ser comprobado muchos años después y bien entrado el siglo XXI, cuando la Aeronáutica Civil contrató unas obras tendientes a mejorar las condiciones de la pista actual que ha sido repavimentada y modificada varias veces para poder atender la operación de aviones de gran tamaño.

Pues bien, la historia de los ladrillos se la había comentado a los ingenieros contratistas de las obras y un buen día me llamaron para contarme algo que nunca me imaginé y que me produjo curiosidad y mucha alegría: habiendo removido las tierras aledañas al borde de pista, y a una profundidad de unos 90 centímetros, encontraron lo que fue la cimentación de la pista original y ¡qué sorpresa: encontraron ladrillos! Se han encontrado dos tipos de ladrillos: unos de 10 kilos cada uno, de forma rectangular de unos 27 por 14 y 9 centímetros, y otros más grandes, de unos 12 kilos, también de forma rectangular. Lo curiosos es que los ladrillos tienen unas muescas que permiten que uno encaje en el otro para dar mayor resistencia a la estructura. Los ladrillos son robustos y mantienen hasta hoy en día, casi 60 años después, su consistencia y resistencia.

Así se convierte esta en una verdadera hazaña de arqueología aeronáutica y quiero expresar mi sentimiento de admiración por aquellas personas que en su momento vencieron todos los inconvenientes para poder construir la primera pista en el aeropuerto Alfredo Vásquez Cobo de la ciudad de Leticia.

Jaime Escobar Corradine
Academia Colombiana de Historia Aérea

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