Barranquilla recibió el 27 y 28 de agosto el 30º Congreso Nacional de Agencias de Viajes y Turismo de ANATO, bajo un lema que terminó describiendo buena parte de las conversaciones de los dos días: “Más allá del algoritmo, viajes que dejan huella”.
Inteligencia artificial, inversión, conectividad aérea, turismo receptivo, nuevas experiencias y competitividad estuvieron presentes durante todo el encuentro. Sin embargo, hubo un tema imposible de ignorar.
Poco más de dos semanas antes, el terremoto del 10 de agosto había golpeado amplias zonas del país, con afectaciones especialmente importantes en Chocó, Valle del Cauca, Risaralda, Quindío y Caldas. El Gobierno declaró posteriormente el Estado de Emergencia Económica, Social y Ecológica, mientras comenzó una reconstrucción que abarca viviendas, vías, infraestructura pública, servicios y actividad productiva.
Para el turismo colombiano la discusión dejó entonces de ser exclusivamente cómo crecer. La pregunta pasó a ser también cómo puede viajar un país mientras se reconstruye y qué papel puede cumplir el turismo en esa recuperación.
Cuando vuelve el viajero, vuelve buena parte de la economía local
Paula Cortés Calle, presidente ejecutiva de ANATO, abrió el Congreso poniendo justamente la emergencia en el centro de la conversación.
El gremio presentó la campaña Turismo Unido, liderada por el Capítulo Eje Cafetero con respaldo de ANATO Nacional, y pidió medidas que permitan proteger a las empresas y conservar el empleo en los territorios afectados. Entre las propuestas están líneas especiales de crédito, alivios tributarios, estímulos para mantener empleos y reducciones temporales de cargas sobre algunos servicios turísticos.
Pero detrás de esas solicitudes hay un asunto que también nos involucra como viajeros.
Cuando dejamos de visitar un destino después de una emergencia, incluso lugares que ya están operando con normalidad pueden sufrir una segunda crisis: la ausencia de visitantes.
Un viaje activa mucho más que una habitación de hotel o un tiquete aéreo. También mueve transporte local, restaurantes, guías, operadores, artesanos, comercios, parques, experiencias comunitarias y decenas de actividades alrededor del visitante.
Por eso, el turismo puede convertirse en un instrumento especialmente poderoso durante una recuperación. No se trata de viajar irresponsablemente hacia zonas que todavía atraviesan una emergencia ni de minimizar lo ocurrido. Se trata de informarse correctamente, evitar cancelar automáticamente destinos que continúan abiertos y preparados para recibir visitantes y, cuando las condiciones lo permitan, considerar el viaje como una manera directa de apoyar a esas regiones.
Ese fue uno de los mensajes más importantes del Congreso: recuperar infraestructura es fundamental, pero recuperar la confianza del viajero también lo es.
Para quien esté pensando viajar en los próximos meses, esto tiene una implicación muy concreta: antes de descartar un destino afectado, vale la pena consultar con operadores y agencias que tengan información actualizada del territorio. Una emergencia no significa necesariamente que toda una región haya dejado de funcionar turísticamente.
Colombia ya no puede pensar el turismo como una actividad secundaria
El argumento económico es cada vez más difícil de ignorar.
Solo durante el primer trimestre de 2026, Colombia recibió US$3.146 millones en divisas por viajes y transporte aéreo de pasajeros, 9,4% más que durante el mismo periodo de 2025. Además, el 67% de las exportaciones colombianas de servicios durante esos tres meses estuvo relacionado con viajes y transporte.
Colombia recibió también más de 1,58 millones de visitantes no residentes durante el primer trimestre de este año.
Son cifras importantes, pero Paula Cortés puso sobre la mesa una advertencia que se repitió de diferentes maneras durante los dos días: crecer en viajeros no necesariamente significa que las empresas turísticas estén creciendo en rentabilidad.
En el primer trimestre de 2026, los ingresos nominales de las agencias de viajes disminuyeron 1,5%, el personal ocupado cayó 3,7% y los salarios 3,4% frente al mismo periodo del año anterior.
De allí sale una de las ideas más importantes que deja ANATO 2026 para el país: Colombia necesita crecer no solamente en volumen, sino en valor.
Es decir, no basta con recibir más pasajeros o agregar más sillas en los aviones. El reto está en convertir la conectividad en visitantes, los visitantes en gasto y ese gasto en empleo y desarrollo para las regiones.
Para el viajero, crecer en valor debería traducirse también en algo tangible: mejores experiencias, servicios más profesionales, destinos mejor preparados y más razones para permanecer más tiempo en cada lugar.
El turismo mundial sigue creciendo, incluso en medio de la incertidumbre
Natalia Bayona – Directora Ejecutiva de ONU Turismo
Natalia Bayona, directora ejecutiva de ONU Turismo, llevó la conversación a una escala global.
Durante el primer trimestre de 2026 alrededor de 307 millones de personas realizaron viajes internacionales, unos seis millones más que un año antes. El crecimiento fue cercano al 2%, a pesar de las tensiones geopolíticas y las disrupciones que han afectado especialmente a Medio Oriente.
La lectura es interesante para Colombia.
El turismo continúa creciendo, pero el viajero también está cambiando. Los costos, la seguridad, la conectividad, la autenticidad del destino y la posibilidad de vivir experiencias diferentes pesan cada vez más en la decisión.
Bayona insistió además en que Colombia tiene una oportunidad que va mucho más allá de construir nuevos hoteles. La inversión turística debería fortalecer ecosistemas completos: gastronomía, cultura, industrias creativas, servicios, guianza, infraestructura, formación y proveedores locales.
Eso resulta especialmente importante para quienes buscan viajes menos estandarizados. Se trata de crear zonas con turismo de calidad, no masivo.
El nuevo lujo, señaló Bayona, está cada vez más relacionado con la autenticidad, lo artesanal, lo local y aquello que genera experiencias memorables. En otras palabras, viajar bien ya no significa necesariamente hospedarse en el hotel más costoso. Puede significar comer con una comunidad local, recorrer un bosque con alguien que lo conoce desde niño, descubrir una tradición difícil de encontrar en Internet o acceder a un lugar de una forma que un visitante independiente probablemente nunca habría considerado.
Y frente al terremoto dejó otro mensaje especialmente relevante: la recuperación turística no puede empezar cuando termine la reconstrucción física.
Los operadores internacionales diseñan y comercializan sus programaciones con meses de anticipación. Si un destino desaparece de los circuitos comerciales durante una temporada completa, recuperarlo posteriormente es mucho más difícil.
Por eso las regiones afectadas necesitarán, además de reconstrucción, una estrategia de relanzamiento que vuelva a transmitir confianza en los mercados nacionales e internacionales.
La inteligencia artificial estuvo en todas partes, pero la gran conversación terminó siendo humana
Si hubo un tema transversal durante prácticamente todo el Congreso fue la inteligencia artificial.
Paradójicamente, cuanto más se habló de IA, más se habló de personas.
Paula Cortés recordó que una herramienta puede comparar miles de tarifas, recomendar un destino o construir un itinerario en segundos. Lo que no resulta tan sencillo automatizar es la confianza, la empatía y la capacidad de comprender las circunstancias particulares de un viajero.
Julián Franco, el nuevo viceministro de Turismo del gobierno recién posesionado, llevó la idea todavía más lejos: la tecnología puede acelerar la búsqueda y la compra, pero la confianza y el criterio son una ventaja que no se automatiza simplemente con un “prompt”.
Franco propuso cuatro motores para la nueva política turística: confianza, incluyendo seguridad; experiencias con autenticidad; inteligencia turística, para tomar mejores decisiones; y escala en infraestructura y promoción.
También puso el turismo receptivo entre las prioridades y dejó una advertencia particularmente pertinente para Colombia: promocionar un destino no sirve de mucho si la experiencia real que encuentra el visitante no cumple la promesa.
Para el viajero, este punto es esencial.
Una fotografía espectacular en Instagram, una respuesta convincente de ChatGPT o una campaña publicitaria pueden despertar el deseo de viajar. Pero ninguna de esas cosas garantiza que el destino, hotel, ruta o experiencia sea realmente adecuada para quien está comprando.
Ahí está la diferencia entre tener información y tener criterio.
El 85% seguiría usando un agente de viajes incluso utilizando IA
Freddy Vega – CEO de Platzi – Hablando sobre el papel de la Inteligencia Artificial en el turismo
Probablemente uno de los datos más reveladores del Congreso apareció durante la intervención de Freddy Vega, cofundador y CEO de Platzi.
La inteligencia artificial ya está entrando con fuerza en la inspiración y planeación de los viajes. Preguntar a ChatGPT, Gemini o Claude qué hacer durante siete días en Japón, qué hotel elegir en el Caribe o dónde encontrar una determinada experiencia se está convirtiendo en algo cotidiano.
Pero eso no significa que el agente de viajes esté desapareciendo.
Vega presentó un dato que cambia considerablemente esa conversación: 85% de los consumidores que utilizan herramientas de inteligencia artificial indicaron que seguirían utilizando también a su agente de viajes.
La cifra proviene de una investigación de L.E.K. Consulting realizada entre consumidores y publicada en 2026. El mismo estudio encontró que solo 6% de los encuestados confiaba plenamente en que una solución de IA podría encargarse de su viaje.
La conclusión parece contraintuitiva solamente a primera vista.
La inteligencia artificial puede entregar más información pero es, precisamente, esa abundancia la que puede complicar una decisión. Durante su presentación, Vega citó que 58% de quienes utilizan estas herramientas para planificar termina sintiéndose abrumado por la cantidad de información recibida.
Cualquiera que haya intentado preguntarle a una IA “qué hacer cinco días en Tokio” conoce el problema. En pocos segundos aparecen templos, barrios, museos, restaurantes, miradores, mercados, excursiones, parques y decenas de alternativas adicionales.
Todo puede sonar extraordinario.
Pero no todo cabe en cinco días.
Ahí aparece nuevamente el valor del agente.
No necesariamente como la persona que conoce una tarifa secreta que nadie más puede encontrar, sino como alguien capaz de decir: entre todas estas posibilidades, estas son las que realmente tienen sentido para ti.
Cuando algo sale mal, tener una persona detrás puede cambiar el viaje
Hay otro momento en el que la diferencia se vuelve especialmente evidente: cuando un viaje deja de funcionar como estaba previsto.
Cancelaciones, conexiones perdidas, fenómenos meteorológicos, cambios operacionales, problemas con alojamiento o situaciones inesperadas requieren algo más que información.
Datos recientes de 24/7 Travel Partner Desk, citados también durante el Congreso, encontraron que agentes especializados alcanzaron niveles de calidad cercanos al 90% en la resolución de situaciones complejas, frente al 69% de las soluciones manejadas únicamente por inteligencia artificial.
Para un viajero, probablemente este sea uno de los argumentos más importantes para comprar con agencia.
Cuando todo funciona perfectamente, reservar uno mismo puede parecer sencillo. El verdadero valor aparece cuando un vuelo se cancela a las 11 de la noche, una conexión deja de ser posible, el hotel no corresponde con lo contratado o un fenómeno natural cambia completamente el itinerario.
En ese momento hay una enorme diferencia entre buscar una solución desde cero y tener a una persona que ya conoce la reserva, sabe quiénes son los proveedores involucrados y puede ayudar a reorganizar el viaje. No solo eso, sino que el agente de viajes lo puede hacer en remoto mientras el viajero se ocupa de resolver otras situaciones, desplazarse en un vuelo o hacia una conexión, o simplemente se relaja mientras disfruta de su viaje en la playa.
Esto no significa que la IA sea mala opción para la industria de viajes. Todo lo contrario.
Puede ser extraordinaria buscando información, comparando alternativas, traduciendo, automatizando tareas administrativas y permitiendo que una agencia responda más rápido.
La combinación más poderosa parece ser otra: la eficiencia de la tecnología con el criterio de una persona que conoce realmente el producto que está recomendando.
Vega lo resumió con otra idea especialmente importante: la agencia que aprende más rápido tiene ventaja.
Eso también beneficia directamente al viajero. Una buena agencia moderna debería utilizar tecnología para responder más rápido, comparar mejor, organizar información y reducir tareas repetitivas, pero dedicar su conocimiento humano a las decisiones que realmente importan.
Tener toda la información no significa saber viajar mejor
Camilo Clavijo, experto en crecimiento y transformación comercial, llevó esa discusión al terreno práctico con una historia personal.
Clavijo contó cómo organizó por su cuenta un viaje a Japón utilizando herramientas digitales e inteligencia artificial. Tenía información, aplicaciones, itinerarios y recomendaciones.
Aun así, descubrió demasiado tarde que algunas experiencias requerían reservas especiales que debían hacerse con meses de anticipación. Terminó pagando sobrecostos y construyó jornadas que sobre el papel parecían eficientes, pero que en la realidad implicaban demasiado tiempo moviéndose entre puntos de una ciudad gigantesca.
La diferencia, explicó, era una palabra que apareció una y otra vez durante el Congreso: criterio.
Una inteligencia artificial puede encontrar cien cosas que hacer en Tokio. Un buen profesional del turismo debería saber cuáles cinco tienen sentido para una familia específica, en qué orden conviene hacerlas, qué requiere reserva anticipada, cuánto tiempo real toma desplazarse y qué probablemente debería quedar por fuera.
Ese ejemplo resume una de las razones más claras para trabajar con una agencia.
Un buen viaje no se mide por la cantidad de cosas que logras meter en un itinerario, sino por la calidad del tiempo que pasas viviéndolas.
El papel de una buena agencia no debería ser simplemente vender algo más barato. Debería ser ayudarte a aprovechar mejor algo mucho más difícil de recuperar: tu tiempo.
La IA también está cambiando la forma en que descubrimos dónde viajar
Durante el congreso también se planteó otra transformación que afecta directamente al viajero.
Durante años, buena parte de la inspiración para viajar comenzó en Google, Instagram, YouTube o recomendaciones de amigos. Ahora, cada vez más personas empiezan una búsqueda preguntándole directamente a una inteligencia artificial.
“¿Dónde puedo viajar con mis hijos en octubre?”
“¿Cuál es un buen destino para observar aves en Colombia?”
“¿Dónde puedo pasar una luna de miel diferente en el Caribe?”
“¿Qué puedo hacer una semana en el Eje Cafetero?”
Ese cambio puede ser útil para descubrir lugares que antes eran difíciles de encontrar. La IA puede cruzar miles de fuentes y sugerir destinos, hoteles o experiencias que quizá el viajero nunca habría considerado.
Pero existe una limitación importante.
La respuesta depende de la información que la herramienta logra encontrar y entender.
Puede conocer muy bien un destino popular y saber mucho menos sobre una reserva natural pequeña, una experiencia comunitaria reciente, una temporada específica de fauna, un guía extraordinario que no tiene gran presencia digital o un alojamiento nuevo que todavía no aparece claramente en sus fuentes.
Por eso la inteligencia artificial puede convertirse en una excelente herramienta de inspiración, pero no necesariamente en la autoridad final para decidir un viaje.
Para quien viaja, el mejor escenario probablemente sea combinar ambos mundos: usar IA para explorar posibilidades y luego contrastarlas con alguien que conozca realmente el destino.
Los viajes más interesantes serán cada vez más personales
Nicolás Gauna, consultor especializado en negocios turísticos, habló de una tendencia que también resulta particularmente interesante para el viajero: el crecimiento del turismo experiencial.
Durante muchos años, buena parte del turismo se estructuró alrededor de destinos y productos bastante estandarizados. Un hotel, algunos recorridos, transporte y una lista de atractivos principales.
Eso sigue teniendo sentido para muchos viajes, pero cada vez más personas quieren algo distinto.
No solamente quieren ir a Escocia, quieren recorrer lugares relacionados con una pasión específica.
No solo quieren visitar Colombia, quieren observar aves endémicas.
No quieren conocer una ciudad, quieren explorar su gastronomía, su música, su arte o su vida nocturna.
Gauna plantea que las agencias y operadores especializados pueden construir experiencias alrededor de un destino, una temática, una comunidad particular de viajeros o un conocimiento muy difícil de replicar.
Para quien está pensando en viajar, esto abre posibilidades enormes.
Significa que vale la pena buscar agencias que realmente conozcan aquello que quieres vivir, no solamente aquellas que vendan el destino.
Si quieres avistamiento de aves, busca especialistas en naturaleza.
¿Te interesa la gastronomía? Busca alguien que conozca productores, mercados y cocineros locales.
¿Viajar con niños es lo tuyo? Consigue una agencia que comprenda los ritmos y necesidades de una familia.
Si tienes movilidad reducida, buscas determinadas condiciones de alojamiento o quieres organizar un viaje alrededor de una afición muy específica, una buena especialización puede transformar completamente la experiencia.
En un mundo donde cualquier algoritmo puede devolver cientos de opciones, la personalización y el conocimiento profundo vuelven a ser una ventaja.
Colombia tiene algo que un algoritmo no puede fabricar: sus territorios
Piquero Peruano (Sula variegata) volando en los acantilados de Bahía Málaga, cerca de Buenaventura (Valle del Cauca) en Colombia. Foto de Pablo Andrés Ortega.
Este punto conecta directamente con una de las mayores oportunidades turísticas del país.
Colombia no necesita inventarse biodiversidad, montañas, selvas, culturas o especies únicas. Ya las tiene.
En 2026 el país volvió a ocupar el primer lugar mundial en el Global Big Day, el mayor conteo internacional de aves, con 1.566 especies registradas en un solo día. Colombia alberga alrededor de 1.954 especies de aves, la mayor cifra registrada en el mundo, según datos divulgados por ProColombia.
Para un país que busca crecer en turismo de naturaleza, pocas ventajas comparativas son tan contundentes.
Y aquí la conexión con la recuperación posterior al terremoto es particularmente importante.
Chocó, Valle del Cauca y el Paisaje Cultural Cafetero forman parte de los territorios con enorme potencial para el avistamiento de aves y otras experiencias de naturaleza. ProColombia incluye precisamente estos destinos entre las zonas que promociona para este segmento.
El aviturismo bien desarrollado puede ser, además, un ejemplo perfecto de ese turismo de mayor valor del que se habló durante el Congreso: grupos pequeños, guías especializados, conocimiento local, conservación, alojamiento, gastronomía y experiencias profundamente ligadas al territorio.
No se trata simplemente de “ir a ver pájaros”.
Para muchos viajeros significa desplazarse miles de kilómetros buscando una especie determinada, madrugar acompañado por un guía que conoce el bosque, aprender a identificar llamados, visitar reservas comunitarias y descubrir lugares que rara vez forman parte de los circuitos turísticos tradicionales.
En una experiencia como esta, una lista generada por inteligencia artificial puede servir para empezar a investigar.
Pero difícilmente reemplaza al guía que sabe dónde estuvo determinada especie la semana anterior, qué sendero funciona según la época del año, a qué hora es mejor salir o qué reserva local está haciendo un trabajo de conservación que merece ser apoyado.
Colombia tiene allí una oportunidad extraordinaria para atraer viajeros interesados no simplemente en conocer un país, sino en comprenderlo y vivirlo.
Los retos que Colombia todavía tiene pendientes
El potencial es enorme, pero el Congreso tampoco escondió las dificultades.
Durante el panel del Consejo de Turismo, representantes de ANATO, IATA, COTELCO, ACOLAP y ASOBARES coincidieron alrededor de varios problemas: seguridad, infraestructura, costos, formalidad, inversión y la necesidad de construir una política turística que sobreviva a los cambios de gobierno.
Paula Bernal, Country Manager de IATA en Colombia, puso el foco en la competitividad aérea y en la capacidad de los aeropuertos, especialmente El Dorado, junto con los proyectos que definirán el futuro de terminales como Cartagena, Medellín, Cali y Barranquilla.
Para el viajero, estos temas importan mucho más de lo que parece. La capacidad aeroportuaria influye en la posibilidad de abrir nuevas rutas y frecuencias, en la puntualidad, en la calidad de los terminales y, eventualmente, también en el precio y disponibilidad de los viajes.
Ángela María Díaz, directora ejecutiva de ACOLAP, resaltó el potencial del turismo familiar y de los parques de atracciones, pero insistió en seguridad, formalización e incentivos para nuevas inversiones.
José Andrés Duarte, presidente de COTELCO, reforzó la necesidad de competir bajo reglas equivalentes entre prestadores formales e informales y de estimular nuevamente los viajes de los colombianos dentro de su propio país.
También es una discusión que toca directamente al consumidor. La formalidad no es solamente un asunto tributario. Está asociada con requisitos, estándares, responsabilidades y la posibilidad de reclamar cuando un servicio no corresponde con lo ofrecido.
Camilo Ospina, presidente de ASOBARES, puso sobre la mesa otra métrica interesante: no pensar solamente en cuántos turistas llegan, sino en cuánto tiempo permanecen.
Más experiencias culturales, gastronómicas y nocturnas pueden transformar una visita de dos noches en una de tres. Para el viajero, eso significa también destinos con más cosas por descubrir después de visitar sus atractivos tradicionales.
Distintas industrias, pero un mismo mensaje: Colombia ya tiene atractivos. Ahora necesita convertirlos en destinos capaces de ofrecer experiencias completas.
Entonces, ¿todavía vale la pena comprar un viaje con una agencia?
Sí. En muchos casos, hoy podría incluso tener más sentido que antes.
Internet y la inteligencia artificial han hecho extraordinariamente fácil encontrar información sobre viajes.
Ese ya no es el problema.
El problema ahora es saber cuál información sirve, cuál está actualizada, cuál aplica realmente para ti y qué decisiones debes tomar con ella.
Una buena agencia puede ayudarte precisamente allí:
- Puede decirte que ese itinerario de seis ciudades en ocho días, que ChatGPT organizó perfectamente sobre una pantalla, probablemente va a dejarte agotado.
- Puede saber que una experiencia específica debe reservarse seis meses antes.
- Puede advertirte que el hotel que parece una gran oferta está demasiado lejos de aquello que realmente quieres hacer.
- Puede entender que viajar con un niño pequeño, con una persona mayor o con alguien que utiliza silla de ruedas cambia completamente la lógica del recorrido.
- Puede conocer un operador local que no aparece de primero en Google.
- Puede recomendarte cuándo vale la pena gastar más y dónde realmente puedes ahorrar.
- Puede ayudarte a encontrar experiencias que coincidan con tus intereses y no solamente con las atracciones más populares.
- Y, quizás lo más importante, puede responder cuando algo sale mal.
Ese último punto es especialmente fácil de subestimar hasta que se necesita.
Cuando compras directamente cada componente de un viaje, también asumes buena parte de la coordinación cuando ocurre un problema. Aerolínea por un lado, hotel por otro, transporte en otro canal, actividad comprada en otra plataforma.
Una buena agencia puede convertirse en el punto que conecta todo eso.
Por eso nuestra recomendación para el viajero es clara: utiliza la inteligencia artificial para inspirarte, investigar, aprender y explorar posibilidades, pero no confíes ciegamente en ella para tomar todas las decisiones de un viaje importante.
La IA puede saber muchísimo.
Pero todavía puede equivocarse, desconocer cambios recientes, proponer tiempos poco realistas, recomendar servicios sin entender completamente tus necesidades o construir itinerarios técnicamente posibles pero poco agradables de vivir.
Y sobre todo, no tiene la experiencia acumulada de alguien que conoce profundamente un destino, ha enviado viajeros allí muchas veces, sabe qué suele salir mal y entiende qué funciona en la vida real.
Para un tiquete sencillo entre dos ciudades conocidas quizá no necesites demasiada asesoría.
Para una luna de miel, un viaje familiar importante, un itinerario internacional complejo, una expedición de naturaleza, un viaje de celebración o esa experiencia que llevas años soñando, tener una buena agencia detrás puede ser una de las mejores inversiones del viaje.
No porque Internet haya dejado de servir.
Sino precisamente porque ahora tenemos tanta información disponible que el verdadero valor está en saber qué hacer con ella.
Viajar mejor también es una decisión
Para Colombia, todo esto llega además en un momento especial.
El turismo está generando más divisas, el país tiene una conectividad internacional considerable, su biodiversidad le entrega ventajas que pocos destinos pueden igualar y existe una demanda global creciente por experiencias auténticas, culturales y de naturaleza.
Al mismo tiempo, varias de esas regiones necesitan ahora que el viajero regrese.
Quizás esa sea la mayor enseñanza que deja este Congreso de ANATO.
Un viaje no es solamente el desplazamiento de una persona de un lugar a otro. Detrás hay comunidades, empleos, empresas y territorios que dependen de que alguien decida conocerlos.
Y en momentos como el que vive Colombia, viajar responsablemente también puede convertirse en una forma de reconstruir.
Para quienes hacemos parte de volavi, la idea de viajar mejor tiene además mucho sentido. Hoy, nuestra experiencia también nos permite acompañar al viajero en otro momento de la decisión: no solamente contarle qué está pasando, sino ayudarle a convertir esa información en un mejor viaje cuando reserva con nosotros.
Creemos en la tecnología y la usamos. También creemos en buscar, comparar y aprender antes de comprar.
Pero cuando llega el momento de poner dinero, vacaciones y expectativas en un viaje, seguimos pensando que hay algo especialmente valioso en poder hablar con alguien (un ser humano, por supuesto) que conozca lo que está recomendando.
Porque un algoritmo puede ayudarte a descubrir el mundo, pero el criterio humano todavía puede ayudarte a vivirlo mejor.
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